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Cápsulas de Salud: Cápsulas de Salud: Lea la etiqueta de los alimentos antes de comer

Para quienes padecen alergias alimentarias, evitar los alimentos alérgenos es una parte fundamental de la prevención de las reacciones alérgicas. Es necesario comprender cómo se debe leer la etiqueta de un alimento para evitar, de manera efectiva, alimentos a los que uno puede ser alérgico.

La lectura de la etiqueta de un alimento con el fin de detectar alérgenos es diferente de las lecturas a las que usted seguramente está acostumbrado. Es más que simplemente ver las cantidades de carbohidratos, proteínas, sal y calorías. Por el contrario, para las alergias alimentarias, la lista de ingredientes y cualquier etiqueta de advertencia son lo más importante. Sin embargo, los alimentos envasados y procesados contienen a menudo muchos ingredientes y a veces no están etiquetados de una manera clara. Esto puede dificultar la lectura de las etiquetas de alimentos, y puede ser difícil saber cómo un ingrediente en particular se relaciona con su alergia.

Estos son algunos consejos e información que debe tener en cuenta al leer las etiquetas de alimentos para determinar la existencia de alérgenos.

Lea la etiqueta siempre. No importa cuán rutinario o tedioso sea, es importante que las personas, los padres y los cuidadores lean siempre todas las etiquetas de los alimentos, incluso si se trata de un alimento que se consume con frecuencia. Por diversas razones, los fabricantes de alimentos a menudo cambian los ingredientes de sus productos sin modificar el envase. Un ejemplo común son las barras de chocolate que pueden llevar la etiqueta «no contiene maní» la mayor parte del año, mientras que la versión para Halloween puede estar etiquetada: «puede contener maní». Incluso cuando se come fuera de casa, es aconsejable controlar las etiquetas.

¿Dónde debo buscar primero? Para una persona con alergias alimentarias, leer una lista de ingredientes puede ser como buscar una aguja en un pajar, muchos ingredientes detallados están allí por razones irrelevantes para usted. Algunos alérgenos comunes aparecen con nombres técnicos en lugar de sus nombres cotidianos. Por ejemplo, el caseinato de sodio puede utilizarse para indicar que un producto contiene una proteína de la leche llamada caseína.

Por lo tanto, al leer la etiqueta de un alimento, comience con la sección «contiene». Esta sección se recomienda con la orientación específica de la Ley sobre el Etiquetado de Alérgenos Alimentarios y Protección al Consumidor (Food Allergen Labeling Consumer Protection Act, FALCPA) del año 2004, para identificar en lenguaje sencillo los alimentos más comunes a los que son alérgicos los estadounidenses. Por ejemplo, la etiqueta «contiene» debe decir «contiene leche» o la lista de ingredientes debería decir «caseinato de sodio (leche)» en lugar de simplemente «caseinato de sodio».

Para las personas con enfermedad celíaca o con sensibilidad al gluten, el etiquetado puede ser incongruente. Si bien en virtud de la ley FALCPA el trigo debe tener etiqueta por ser una de las grandes ocho fuentes alergénicas, otras fuentes de gluten (cebada y centeno) no lo son. Por lo tanto, es mejor buscar «productos sin gluten» si el consumidor padece la enfermedad celíaca.

Spanish Food Label

 

¿Cuáles son las principales fuentes de alérgenos que deben etiquetarse? Actualmente, la FALCPA indica que las fuentes de alimentos comúnmente alergénicos deben declararse en inglés sencillo (por ejemplo: leche, maní, etc.) en las etiquetas del producto. Existen tres opciones. Se puede informar en la sección «contiene», por ejemplo: contiene leche y maní. La fuente de los ingredientes puede ser detallada en la sección ingredientes, por ejemplo: harina de trigo o suero de leche (pero no harina o caseinato). La fuente de este ingrediente puede ser detallada entre paréntesis, por ejemplo, caseinato (leche) o sabor natural (maní).

1.    Leche (de vaca). Sin embargo, una persona alérgica a la leche de vaca probablemente reaccionará a la leche de oveja, de cabra y quizás de camello.
2.    Huevos (de gallina). Sin embargo, una persona alérgica a los huevos de gallina probablemente también reaccionará a los huevos de otras aves.
3.    Pescado (peces de aleta incluso róbalo, lenguado, trucha, bacalao, salmón, tiburón y raya)
4.    Crustáceos (camarón, langosta, cangrejo)
5.    Frutos secos (por ejemplo: almendras, anacardos, pistachos, pecanas, nueces, avellanas, pero la FDA también requiere la identificación específica de frutos secos que comúnmente son menos alergénicos, como el coco, la nuez de karité y los piñones)
6.    Maní (también llamado cacahuate)
7.    Trigo (cualquier tipo, incluso escanda y kamut)
8.    Poroto de soja (soja)

Consejos finales:
•    Trabaje con quienes le brindan servicios de cuidado de la salud para asegurarse de que entiende su alergia o la de su hijo, y qué alergenos y alimentos debe evitar.
•    Lea siempre todas las etiquetas.
•    Comprenda que el etiquetado preventivo es voluntario y que todas las PAL son iguales en cuanto a su potencial riesgo.
•    La claridad en las comunicaciones es esencial.
o    Haga preguntas al personal del restaurante e infórmeles qué comidas son seguras para usted.
o    No tema hacer preguntas cuando coma en casa de otra persona.

Este artículo ha sido reseñado por Andrew Moore, MD, FAAAAI

Fuente: AAAAI

Nota: La información contenida en esta nota es de carácter informativo y no es, ni pretende ser, fuente de asesoría médica profesional en ningún tema.

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Cápsulas de Nutrición: Los beneficios del brócoli y las coles de Bruselas: mejoran la salud de los vasos sanguíneos

Nuevas investigaciones de la Edith Cowan University (Australia) han demostrado que algunas de nuestras verduras menos favoritas, como el brócoli y las coles de Bruselas, podrían ser las más beneficiosas a la hora de prevenir enfermedades avanzadas de los vasos sanguíneos.

Publicado en la revista ‘British Journal of Nutrition’, el estudio ha encontrado que un mayor consumo de vegetales crucíferos, como el brócoli, las coles de Bruselas y el repollo, está asociado con una enfermedad de los vasos sanguíneos menos extensa en las mujeres mayores.

Utilizando datos de una cohorte de 684 mujeres mayores de Australia Occidental reclutadas en 1998, los investigadores descubrieron que las que tenían una dieta que incluía más verduras crucíferas tenían menos posibilidades de tener una acumulación extensa de calcio en la aorta, un marcador clave de la enfermedad estructural de los vasos sanguíneos.

La enfermedad de los vasos sanguíneos es una condición que afecta a nuestros vasos sanguíneos (arterias y venas) y puede reducir el flujo de sangre que circula por el cuerpo. Esta reducción del flujo sanguíneo puede deberse a la acumulación de depósitos de grasa y calcio en las paredes internas de los vasos sanguíneos, como la aorta. Esta acumulación de depósitos de grasa y calcio es la principal causa de un ataque al corazón o un derrame cerebral.

«En nuestros estudios anteriores, identificamos que aquellos que consumían más verduras tenían un menor riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, como un ataque al corazón o un accidente cerebrovascular, pero no estábamos seguros de por qué. Nuestros hallazgos de este nuevo estudio proporcionan una visión de los mecanismos potenciales involucrados. Ahora hemos encontrado que las mujeres mayores que consumen mayores cantidades de verduras crucíferas cada día tienen menos probabilidades de tener una calcificación extensa en la aorta», explica la líder del estudio, Lauren Blekkenhorst.

Un componente particular que se encuentra en abundancia en las verduras crucíferas es la vitamina K, que puede estar involucrada en la inhibición del proceso de calcificación que ocurre en nuestros vasos sanguíneos.

Las mujeres de este estudio que consumían más de 45g de vegetales crucíferos cada día tenían 46 por ciento menos probabilidades de tener una acumulación extensiva de calcio en su aorta en comparación con las que consumían poco o nada de vegetales crucíferos cada día. «Eso no quiere decir que las únicas verduras que deberíamos comer sean brócoli, col y coles de Bruselas. Deberíamos comer una amplia variedad de vegetales todos los días para una buena salud y bienestar general», puntualiza la investigadora.

Fuente: Infosalus

Cápsulas de Salud: El Helicobacter Pylori

El Helicobacter pylori, también conocido como H. pylori, es una bacteria que vive en nuestro estómago y duodeno, y es responsable por la más común infección bacteriana crónica en seres humanos.

El H. pylori ha sido reconocido en todas la poblaciones del mundo y en individuos de todas las edades. Estimaciones conservadoras sugieren que más del 50% de la población mundial posee el estómago colonizado por dicha bacteria.

¿Qué es el Helicobacter pylori?

El Helicobacter pylori es una bacteria que posee la increíble capacidad de sobrevivir en uno de los ambientes más inhóspitos de nuestro organismo: el estómago, que presenta un medio extremamente ácido, con un pH inferior a 4. La acidez del estómago es uno de los mecanismos de defensa de nuestro organismo contra las bacterias que son ingeridas con los alimentos. Pocos son los seres vivos que logran sobrevivir en un ambiente tan ácido.

No obstante, el H. pylori presenta algunos «trucos» evolutivos que le permiten adaptarse a un medio tan hostil.

La bacteria produce sustancias que neutralizan los ácidos, formando una especie de nube protectora a su alrededor, permitiendo que la misma se movilice dentro del estómago hasta encontrar un punto para fijarse. Además de esta protección, el Helicobacter pylori logra sobrepasar la barrera de moco que el estómago posee para protegerse de la propia acidez, adhiriéndose al moco, área debajo de la mucosa, donde la acidez es mucho menos intensa. Por lo tanto, además de producir sustancias contra la acidez, el H. pylori logra penetrar el estómago hasta partes donde el ambiente es menos agresivo.

¿Cómo se contrae?

El modo de contagio del Helicobacter pylori aún no es plenamente conocido. Sabemos que la transmisión puede ocurrir de una persona contaminada a una persona sana por medio del contacto con vómitos o heces; en el caso de las heces, generalmente bajo la forma de aguas o alimentos contaminados.

Los seres humanos parecen ser el reservatorio principal de la bacteria, sin embargo, el H. pylori ya fue aislado en otros primates, ovejas y en gatos domésticos, lo cual sugiere que la transmisión de estos a los seres humanos podría ocurrir.

El agua contaminada, principalmente en los países en desarrollo, suele ser una fuente de bacterias. El H. pylori logra permanecer viable en el agua por varios días. En los países sin saneamiento básico universal, la mayoría de los niños es infectada antes de los 10 años y la presencia en la población adulta llega a ser mayor de un 80%. En los países desarrollados, como en Estados Unidos y en Europa, la contaminación en niños es poco común, no obstante la transmisión en la vida adulta es frecuente, donde más del 50% de la población arriba de la edad de los 60 años se encuentra infectada.

Cuando un miembro de la familia se infecta con el Helicobacter pylori, el riesgo de transmisión para los hijos y conyugue es altísimo. Esta transmisión es común incluso en casas con buenas condiciones de higiene, lo que deja en duda si la transmisión ocurre siempre por vía fecal/oral. La transmisión a través de la saliva aún no está comprobada.

El H. pylori puede ser encontrado en la boca, principalmente en las placas dentarias, no obstante su concentración parece ser muy baja para que haya transmisión. Un dato que habla en contra de esta forma de transmisión es el hecho de que los dentistas no presentan mayores tasas de contaminación respecto a otros profesionales que no lidian constantemente con saliva y placas bacterianas.

Enfermedades causadas por el Helicobacter pylori

Como ya se ha dicho al inicio de este artículo, el Helicobacter pylori suele alojarse en la pared del estómago, justo debajo de la capa protectora de moco. Esa capa es esencial para la protección del estómago, impidiendo que el ácido clorhídrico agreda a su mucosa. El problema es que el H. pylori produce una serie de enzimas, algunas de ellas directamente irritantes para las células del estómago, otras activas contra la capa de moco, tornándola más débil, dejando la pared del estómago desprotegida contra el contenido ácido. Estas acciones provocan inflamación de la mucosa del estómago, lo cual lleva a la gastritis y, en algunos casos, a la formación de úlcera péptica y hasta de tumores.

En resumen, la presencia del Helicobacter pylori causa lesión en el estómago y en el duodeno, estando así asociado a un mayor riesgo de:

  • Gastritis
  • Duodenitis (inflamación del duodeno).
  • Úlcera de duodeno.
  • Úlcera de estómago
  • Cáncer de estómago.
  • Linfoma de estómago (linfoma MALT).

Síntomas

La gran mayoría de los pacientes contaminados por el Helicobacter pylori no presenta ningún tipo de síntoma o complicación. Existen cepas de la bacteria más agresivas y cepas más indolentes, lo cual explica, en parte, la ocurrencia de síntomas apenas en pocas personas contaminadas. Es importante destacar que el Helicobacter pylori en sí no causa síntomas. Los pacientes contaminados con H. pylori que presentan quejas lo hacen por la presencia de gastritis o úlceras pépticas provocadas por la bacteria. En estos casos, los síntomas más comunes son:

  • Dolor o incomodidad, generalmente como quemazón en la parte superior del abdomen.
  • Sensación de hinchazón del estómago.
  • Saciedad rápida del hambre, generalmente después de comer tan sólo una pequeña cantidad de alimento.

Estos síntomas reciben el nombre de dispepsia.

En el caso de úlceras, las siguientes señales y síntomas también son comunes:

  • Náuseas o vómitos.
  • Heces oscuras.
  • Anemia.

Si el paciente no presenta gastritis ni úlceras, la simple presencia de H. pylori no puede ser responsabilizada por síntomas como dolores estomacales. A manera de ejemplo, varios estudios muestran que sólo 1 de cada 14 pacientes con quejas de quemazón estomacal, sin gastritis o úlcera documentadas en la endoscopia, presentan mejoría con el tratamiento para el H. pylori.

El H. pylori también parece ser responsable por la aparición de aftas recurrentes en algunos pacientes, pero esta asociación aún no está comprobada.

Diagnóstico

Actualmente existen varios métodos para diagnosticar la presencia de la bacteria Helicobacter pylori. Sin embargo, más importante que el diagnóstico de la bacteria es saber en quién se debe investigar su presencia. Como en algunos lugares hasta el 90% de la población está contaminada por la bacteria, los exámenes serán positivos en casi todo mundo. Por lo tanto, no tiene sentido solicitar la investigación de H. pylori en personas sin quejas específicas.

Antiguamente, la investigación del H. pylori se realizaba sólo con endoscopia digestiva, por medio de biopsias del estómago. Hoy día hay exámenes no invasivos, por medio de las heces, sangre o de la respiración.

No obstante, en los pacientes que se quejan de dolores estomacales, la endoscopia es importante para evaluar el estado del estómago, sirviendo también para el diagnóstico de gastritis, úlceras o tumores. Por eso, muchos de los diagnósticos de Helicobacter pylori todavía se realizan por medio de la endoscopia digestiva, a través de la biopsia y del test de ureasa. Los exámenes no invasivos acaban siendo más utilizados después del tratamiento, a fin de confirmar la eliminación de la bacteria.

Los pacientes con menos de 55 años que presentan quejas de quemazón estomacal, sin señales que puedan indicar un tumor o úlceras activas (sangrado, anemia, saciedad precoz, pérdida de peso inexplicada, vómitos recurrentes, historial familiar de cáncer gastrointestinal…) pueden ser sometidos a un examen no invasivo, con miras a un tratamiento en caso de que sean positivos para el H. pylori. La endoscopia es indicada sólo si no hay mejoría de los síntomas con el tratamiento.

Helicobacter pylori y cáncer de estómago

Sabemos que la mayoría de la población se encuentra colonizada por el H. pylori, no obstante, apenas una pequeñísima parte desarrolla cáncer de estómago. Luego, podemos concluir que el H. pylori aumenta el riesgo de cáncer, pero no es el único factor. Por lo tanto, no está indicado el tratamiento contra el Helicobacter pylori para todo aquel que tenga la bacteria. Sólo los pacientes con antecedentes familiares de cáncer gástrico deben preocuparse con la presencia asintomática del H. pylori. En estos casos, incluso si el paciente no presenta ningún síntoma, se indica la investigación de la bacteria y el tratamiento a fin de erradicarla.

El Helicobacter pylori está relacionado con el surgimiento de un tipo específico de linfoma del estómago, llamado de MALT. La relación es tan estrecha que el tratamiento de este tumor se lleva a cabo con antibióticos y la erradicación de la bacteria lleva a la cura de esta neoplasia.

Tratamiento

Recientemente, la indicaciones para el tratamiento del H. pylori fueron expandidas, englobando grupos que hasta hace poco tiempo atrás no eran habitualmente tratados. Las actuales indicaciones para tratamiento del Helicobacter pylori son:

  • Gastritis.
  • Úlcera gástrica y/o duodenal.
  • Linfoma MALT gástrico.
  • Parientes de primer grado de pacientes con cáncer gástrico.
  • Anemia por carencia de hierro sin causa aparente.
  • Púrpura trombocitopénica idiopática.
  • Pacientes en terapia de largo plazo con antiinflamatorios, que tienen sangrado gastrointestinal y/o úlcera péptica.

El tratamiento para el H. pylori es habitualmente realizado con 3 medicamentos por 7-14 días con un inhibidor de la bomba de protones (Omeprazol, Pantoprazol o Lanzoprazol) + dos antibióticos, como Claritromicina y Amoxicilina o Claritromicina y Metronidazol.

Después de 4 semanas del fin del tratamiento, el paciente puede realizar los exámenes no invasivos para confirmar la eliminación de la bacteria Helicobacter pylori.

Autor: Dr. Pedro Pinheiro

Fuente: https://www.mdsaude.com/es/gastroenterologia-es/h-pylori/

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Cápsulas de Salud: Diez reglas esenciales para evitar convertirte en víctima de las enfermedades cardiovasculares

Diez reglas esenciales para evitar convertirte en una víctima más de las enfermedades cardiovasculares y mejorar tu calidad de vida si ya has sufrido alguna de ellas.

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte y discapacidad a partir de edades medias en los países desarrollados.

A continuación te presentamos 10 recomendaciones para que disminuyas el riesgo de padecerlas o mejores tu calidad de vida si ya has sufrido alguna de ellas.

  1. Practica una alimentación cardiosaludable: equilibrada y variada. Las frutas, verduras, hortalizas, pescado, aceite de oliva, carnes magras, cereales y lácteos desnatados no deben faltar en tu cocina. Recuerda: sal, azúcares y alcohol sólo en pocas cantidades.
  2. Dedica 30 minutos diarios a ejercitar tu cuerpo. Elige el ejercicio que más se adapte a tu condición física: caminar, bailar, correr, actividades al aire libre… ¡Muévete por tu salud!
  3. No fumes. Y si lo haces, ¡déjalo ya! Aun fumando poco se multiplica el riesgo de sufrir ataques cardiacos o cerebrales. Busca ayuda si no puedes dejarlo solo. Tu médico evaluará tu estado y te aconsejará sobre cómo conseguirlo. ¡Querer es poder!
  4. Controla tu peso. Mide tu Índice de Masa Corporal (IMC). Es fácil: divide tu peso en kilos entre tu altura en metros elevada al cuadrado. Si el resultado es mayor de 25 kg/m² se considera sobrepeso. Por encima de 30 kg/m² es obesidad.
  5. Vigila la grasa acumulada en el abdomen, ya que es peligrosa para el corazón. Mide tu perímetro abdominal a nivel del ombligo. En la mujer debe estar por debajo de 88 cm y en los hombres por debajo de 102 cm.
  6. Comprueba tu tensión arterial. Si eres una persona sana verifica anualmente que tu tensión sigue por debajo de 140/90 mmHg. Si eres hipertenso también debes mantenerte por debajo de estas cifras. Si ya has sufrido un problema cardiovascular, cerebrovascular, renal o eres diabético, tu tensión tiene que estar por debajo de 130/80 mmHg. En estos últimos casos, los controles y medidas preventivas han de ser continuos.
  7. Revisa tus niveles de colesterol y glucosa. La mejor manera de mantenerlos a raya es seguir una dieta sana y hacer ejercicio. Si tras un análisis en ayunas tus cifras están por encima de 190 mg/dl de colesterol total y 110 mg/dl de glucosa, debes consultar con un especialista.
  8. Conoce tu riesgo cardiovascular y cuál debe ser tu estilo de vida. Acude al médico con un examen físico y tus antecedentes personales y familiares. Consúltale todo lo que quieras: qué dieta seguir, qué ejercicios hacer, qué factores pueden perjudicar tu salud… Actuar a tiempo es la clave para reducir los peligros.
  9. Comparte tus dudas y problemas. Intercambiar experiencias te permite aprender y dar ejemplo para que otras personas se interesen por cuidar su corazón. Recuerda también que tu familia puede ser un gran estímulo y apoyo para superar cualquier dificultad en el cumplimiento de los objetivos de salud. ¡Cuenta con ellos!
  10. Aprende a controlar tu estrés y ansiedad. El aumento de tensión emocional es peligroso para el corazón. El estrés en casa y en el trabajo hace más difícil seguir un estilo de vida cardiosaludable. ¡Relájate!

Fuente: https://fundaciondelcorazon.com/prevencion/controla-tu-riesgo/decalogo-de-vida-sana.html

Cápsulas de Salud: Coronavirus y boca, cómo afecta y qué cuidados seguir en la nueva normalidad

El coronavirus produce alteraciones relacionadas con el gusto y la percepción de los sabores y podría producir otras lesiones orales. Conoce cuáles son y qué cuidados debes tener ahora

El coronavirus SARS-CoV-2 entra en nuestro organismo por las mucosas de la piel (boca, nariz y ojos) hasta alcanzar el sistema respiratorio y nuestros pulmones, provocando la covid-19. Pero por el camino deja rastro. Como apuntan en el Ministerio de Sanidad, notamos su presencia, sobre todo, con síntomas como fiebre, tos, disnea (dificultad para respirar), escalofríos, dolor de garganta, diarrea y vómitos. ¿Y en la boca? Pues también, y hasta podría tener alguna secuela. Te contamos qué se sabe en la actualidad sobre cómo afecta la covid-19 a nuestra boca, cómo lo ha hecho el confinamiento y qué debemos tener en cuenta ante un nuevo posible encierro o cuarentena en el domicilio.

Cómo afecta el coronavirus a la boca

De entre los síntomas otorrinolaringológicos más habituales en covid-19 (dolor facial, obstrucción nasal, disfunción olfatoria y del gusto), la frecuencia con la que presentan la hiposmia-anosmia (pérdida de olfato) y la hipogeusia-disgeusia (pérdida de gusto) aparecen en el 5-65 % de los casos. De hecho, son los síntomas precoces que mejor predijeron la enfermedad en las situaciones con sospecha que utilizó una aplicación de móvil de uso masivo en EE.UU. y Reino Unido.

En el caso de la boca, son tres las alteraciones relacionadas con el gusto y la percepción de los sabores que se achacan a una alteración de las células del epitelio de la lengua debido a la unión del coronavirus. Según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial, estos trastornos se definen así:

  • ageusia: la persona pierde por completo el gusto.
  • hipogeusia: la capacidad gustativa se reduce.
  • disgeusia: hay un mal sabor persistente (salado, rancio o metálico). A veces se acompaña del síndrome de la boca ardiente, que presenta sensación de dolor y ardor.

Por el contrario, apenas existen estudios que refieren casos de covid-19 que han cursado con lesiones orales. “Todavía es muy pronto para poder asegurar si el nuevo coronavirus afecta o no al estado oral”, confiesa Óscar Castro, presidente del Consejo General de Dentistas de España. Y es que “escasas” publicaciones notifican lesiones del tipo del herpes, candidiasis (muguet) e incluso lengua geográfica (manchas rojas en la lengua delimitadas por unas áreas más blancas). Además, su prevalencia es muy baja y, en la actualidad, a nivel científico se desconoce si estas lesiones son causadas por el virus o son el resultado de la reacción inmune inflamatoria de nuestro organismo frente al coronavirus. O también pudiera ocurrir que determinados tratamientos o medicamentos administrados a los pacientes con covid-19 sean los responsables de estas lesiones. “Tendremos que ser prudentes y vigilar su frecuencia en los próximos meses”, comenta el especialista.

Entre los estudios más actuales está el de un grupo de investigadores del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid publicado en julio en la revista JAMA Dermatology. En él se pone de manifiesto que sarpullidos en la boca también pueden ser un síntoma de la enfermedad que haya pasado desapercibido hasta ahora, pues para mantener la seguridad del personal sanitario no suelen examinarse la boca de pacientes con covid-19 o sospechosos de serlo. En concreto, de los 21 infectados que estudiaron, en seis de ellos (28 %) encontraron enantemas, unas manchas pequeñas en las membranas de las mucosas.

Cómo ha afectado el confinamiento a nuestra salud bucodental

El confinamiento para evitar los contagios  alteró muchos de nuestros hábitos y “probablemente no reforzando los hábitos saludables”, se lamenta el portavoz de los dentistas: hemos practicado menos deporte y aumentado el sedentarismo; nuestros hábitos dietéticos se han modificado; el estrés y el insomnio han afectado a nuestro bienestar físico y emocional.

Todo ello repercute en nuestra salud oral. Tanta repostería casera, snacks y bebidas azucaradas para matar el tiempo y aplacar la ansiedad favorece la aparición de caries dentales. Y el estrés también está detrás de un mal hábito inconsciente, sobre todo nocturno, como apretar los dientes (bruxismo) y de problemas de encías, como la gingivitis ulcerosa necrosante aguda que se nota, además de por sangrado, inflamación y picor de encías, por una fuerte halitosis.

Cuidados bucodentales en la nueva normalidad y un confinamiento

cepillo de dientesImagen: Bru-nO

A continuación compartimos algunos consejos que no son diferentes a los que debemos seguir habitualmente, tanto si tenemos que confinarnos en nuestra casa por prevención como si no:

Mantener una adecuada higiene bucodental, mediante al menos dos cepillados minuciosos diarios, con pasta dentífrica fluorada, sin olvidar la higiene interdental y el cepillado de la lengua. Tampoco hay que dejar de lado el uso enjuagues bucales sin diluir. Expertos periodoncistas y docentes recomiendan con este estudio que sea un colutorio antiséptico con povidona yodada o cloruro de cetilpiridino (CPC), pues su empleo podría reducir la severidad de la covid-19 y el riesgo de transmisión.

Extremar la higiene del cepillo: lavarse bien las manos antes y después de usarlo, limpiarlo, desinfectarlo con un colutorio, enjuagarlo y secarlo, mantenerlo protegido en su capuchón, no compartirlo nunca, alejarlo del sanitario (para evitar posible contaminación) y no almacenarlo junto a otros cepillos.

Practicar un estilo de vida saludable. “Es muy importante, como lo han demostrado los datos de la primera ola epidémica, hacer los máximos esfuerzos posibles para intentar mantenernos saludables: realizar ejercicio físico, no fumar, tener un consumo moderado de alcohol y recurrir a una dieta sana y equilibrada son consejos generales que también sirven para mantener nuestra salud oral”, reconoce Castro.

Y hay uno nuevo: usar la mascarilla para proteger nuestra boca y nariz de la entrada del virus, porque, de verdad, las mascarillas no provocan problemas en los dientes.

¿Y si has dado positivo en covid-19?  Deberías extremar aún más tu higiene bucal. Estas son sus recomendaciones:

  • Realizar un enjuague preliminar para reducir la carga viral.
  • Terminar con una limpieza del cepillo de dientes o cabeza de cepillo sumergiéndolo en un vaso con una solución a base de agua oxigenada durante 30 minutos y, una vez pasado este tiempo, aclarar con agua y dejar secar. Para lograr la concentración ideal, hay que mezclar una parte de agua oxigenada al 3 % con tres partes de agua, lo que resulta en una concentración final del 1%.
  • Cambiar el cepillo tras pasar el periodo de contagio.

Tan pronto puedan es recomendable visitar al odontólogo y hacerse una revisión para asegurarse de que su salud oral está controlada y someterse a los tratamientos oportunos.

 

Cápsulas de Salud: Por qué es importante mantener bajo control el nivel de triglicéridos

Aunque hemos escuchado hablar sobre ellos, no siempre tenemos claro su importancia o cómo pueden afectar nuestra salud. Nos referimos a los triglicéridos, un tipo de grasa (lípidos) que se encuentran en la sangre.

Cuando nos alimentamos, nuestro cuerpo convierte en triglicéridos todas esa calorías que no utilizamos de inmediato. Estas se almacenan en las células grasas y luego, las hormonas los liberan para proveer de energía entre las comidas.

Si regularmente ingieres más calorías de las que quemas, sobre todo de alimentos ricos en carbohidratos, puedes tener los triglicéridos altos (hipertrigliceridemia).

¿Cuáles son los niveles adecuados?

Con un análisis de sangre es posible determinar si el nivel de tus triglicéridos está bajo control:

Normal: menos de 150 miligramos por decilitro (mg/dl), o menos de 1.7 milimoles por litro (mmol/l)
En límites: 150 a 199 mg/dl (1.8 a 2.2 mmol/l)
Alto: 200 a 499 mg/dl (2.3 a 5.6 mmol)
Muy alto: 500 mg/dl o más (5.7 mmol/l o más)

Un alto nivel de triglicéridos puede generarnos complicaciones de salud, por lo que si presentamos un cuadro de estos debemos tomar medidas. En la mayoría de los casos es posible manejarlo mediante una dieta adecuada, con pautas estrictas, y mucho ejercicio.

«Las comidas influyen de forma decisiva en las cifras de los lípidos. Los peores aliados de la elevación son las grasas saturadas y las grasas trans. Las primeras se encuentran en los lácteos, el chocolate, la carne de pollo y la yema de huevo. Las segundas aparecen en productos procesados que atravesaron la técnica de hidrogenación, como las galletitas saladas, las tortas, las tapas de empanadas y las golosinas», indica el doctor Leonardo Biolatto en el sitio web Mejor con salud.

¿Por qué hay que preocuparse ante un nivel alto de triglicéridos?

Los triglicéridos altos pueden generen el endurecimiento de las arterias o el engrosamiento de las paredes arteriales (arterioesclerosis), lo que incrementa el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares, ataques cardíacos y enfermedades del corazón. Los triglicéridos extremadamente altos también pueden causar inflamación aguda del páncreas (pancreatitis).

«Los triglicéridos altos suelen ser un signo de otras afecciones que aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares, tales como obesidad y síndrome metabólico, que es un grupo de afecciones en las que hay demasiada grasa alrededor de la cintura, hipertensión arterial, triglicéridos altos, hiperglucemia y niveles anormales de colesterol», indican los especialistas de la Mayo Clinic.

Los triglicéridos altos también pueden ser un signo de:

  • Diabetes tipo 2 o prediabetes.
  • Síndrome metabólico: afección en la que la hipertensión arterial, la obesidad y la hiperglucemia se presentan juntas, lo que aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiacas.
  • Niveles bajos de las hormonas tiroideas (hipotiroidismo).
  • Ciertas afecciones genéticas raras que alteran la forma en que el cuerpo convierte la grasa en energía.

Hay otras causas por las cuales los niveles de triglicéridos pueden incrementarse, entre estas está el sedentarismo, es así que quienes no realizan ejercicio físico de manera regular, por lo general presentan cifras elevadas de colesterol y triglicéridos, con menor circulación sanguínea.

También hay varios hábitos tóxicos que están asociados a la elevación de los triglicéridos y que pueden estar perjudicándonos. Fumar y consumir alcohol regularmente interrumpe los procesos de acumulación y utilización de los lípidos. El hígado, que es un órgano con gran influencia en ello, se debilita con la toxicidad del tabaco y los alcoholes.

¿Cómo disminuir los triglicéridos?

Llevar un estilo de vida saludable es una de las principales recomendaciones de los especialistas de la Mayo Clinic, por lo que aconsejan seguir las siguientes pautas:

Hacer ejercicio regularmente. Intenta realizar al menos 30 minutos de actividad física la mayoría o todos los días de la semana. Hacer ejercicio regularmente puede reducir los triglicéridos y aumentar el colesterol «bueno». Procura incorporar más actividad física en tus tareas diarias, por ejemplo, subir las escaleras en el trabajo o dar un paseo durante los descansos.

Evitar el azúcar y los carbohidratos refinados. Los carbohidratos simples, como el azúcar y los alimentos hechos con harina blanca o fructosa, pueden incrementar los triglicéridos.

Bajar de peso. Si tienes hipertrigliceridemia leve a moderada, enfócate en reducir las calorías. Esas calorías adicionales se convierten en triglicéridos y se almacenan como grasa, pero al reducirlas, disminuyen los triglicéridos.

Elegir grasas más saludables. Reemplaza las grasas saturadas de las carnes por las grasas más saludables de los vegetales, como los aceites de oliva y colza (canola). En lugar de carne roja, come pescado rico en ácidos grasos omega-3, como la caballa o el salmón. Evita las grasas trans y los alimentos con aceites o grasas hidrogenadas.

Limitar el consumo de alcohol. El alcohol no solo es alto en calorías y azúcar, sino que ejerce un efecto particularmente fuerte sobre los triglicéridos. Si tienes hipertrigliceridemia grave, evita beber alcohol.

Cuando estas recomendaciones no son suficientes para para controlar el nivel alto de los triglicéridos, quizás es necesario recurrir a los medicamentos, los cuáles deben ser recetados por un médico luego de una evaluación del paciente.

Fuente: El Universo

Cápsulas de Salud: Cinco claves para combatir la hipertensión

Es uno de los factores de riesgo cardiovascular más frecuentes: la Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la hipertensión afecta a más de 1100 millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, podríamos reducir esa prevalencia siguiendo unas recomendaciones básicas. Por el contrario, mantener unas cifras de presión arterial elevadas puede traernos muchos problemas relacionados con la salud cardiovascular.

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias al ser bombeada por el corazón, y si esa presión es alta, tiene consecuencias. Las primeras las sufren las arterias, que se endurecen para soportar la presión arterial alta, lo que a su vez puede dificultar el paso de la sangre; es lo que se conoce como ateroesclerosis, que puede derivar en complicaciones graves como infarto de miocardio, hemorragia o trombosis cerebral. También aumenta el riesgo de arritmias, insuficiencia cardiaca, dilatación de aurícula izquierda, relajación disminuida del ventrículo izquierdo o hipertrofia del ventrículo izquierdo. Además, con la hipertensión no solo el corazón y las arterias se ven sometidas a mayor esfuerzo. También los riñones se ven afectados, por eso puede derivar en insuficiencia renal.

Valores recomendados

Para saber si nuestra presión arterial se encuentra en las cifras recomendadas, antes debemos distinguir entre los dos valores que mediremos. Uno de ellos es la presión sistólica, que es cuando el corazón se contrae. Es la cifra más alta de las dos que se miden. El otro valor corresponde al momento en que el corazón se relaja o está en reposo, entre latidos, y es la llamada presión diastólica.

Los siguientes valores pueden servirnos de indicadores para saber si nuestra presión arterial es normal:

– Presión arterial (PA) ideal: igual o inferior a 120/80 mmHg

– PA normal: igual o inferior a 135/85 mmHg

– PA normal alta: 136-139/86-89 mmHg

– HTA grado I: igual o superior a 140/90 mmHg

– HTA grado II: igual o superior a 160/100 mmHg

– HTA grado III o severa igual o superior a 180/110 mmHg

Cómo combatirla

Para evitar que nuestras cifras de presión arterial se eleven por encima de lo recomendado, hay cinco recomendaciones básicas que podemos seguir:

– Dejar de fumar. Tanto la presión arterial como la frecuencia cardiaca se incrementan con el tabaco. Por eso dejar de fumar es clave.

– Restringir el alcohol. El consumo excesivo de alcohol también aumenta la presión arterial, además de que favorece otros factores de riesgo cardiovascular.

– Mantenerse en el peso adecuado. La obesidad y el sobrepeso son enemigos de la hipertensión, de ahí que vigilar el peso sea una medida efectiva.

– Seguir una alimentación equilibrada evitando la sal. La alimentación saludable no solo nos ayudará a mantenernos en nuestro peso, sino que también se convertirá en una aliada a la hora de combatir la hipertensión. Especialmente si restringimos la sal, el azúcar y el consumo de grasas saturadas.

– Ejercicio frecuente. La actividad física repercute positivamente en todo el organismo, y uno de sus beneficios es precisamente que ayuda a combatir la hipertensión.

En caso de que las medidas anteriores no sean suficientes, la opción es combinarlas con tratamiento farmacológico.

Fuente: Fundación del Corazón

Cápsulas de Salud: Diez medidas para prevenir la alergia dentro de casa

Compartimos en este artículo, diez medidas para prevenir la alergia dentro de casa sirven para el polen, la caspa de los animales o los ácaros –que son esos bichos que se alimentan de las sustancias que hay en el polvo de las casas- y que fastidian al 30 % de los alérgicos.

  • VENTILAR: Ventilar, siempre hay que ventilar… especialmente en caso de adolescentes y otros tigres en casa. Al menos durante diez minutos y nunca a primera o a última hora del día, que es cuando hay más concentración de polen en el ambiente.
  •  PUERTAS Y VENTANAS: Es importante que las puertas y ventanas sean aislantes y cierren bien para que no se cuele el polen.
  • CORTINAS: Evitar las cortinas gruesas, de tipo rococó, con entramados complejos. Acumulan mucho polvo, así que mejor elegir telas finas, lavables, que se desmonten fácil. Preferiblemente de material que se llama “screen” que se pone en las enrollables y paneles japoneses o en las cocinas, porque su composición (fibra de vidrio, PVC) puede no ser tan  cuqui pero repele el polvo y se puede limpiar con una bayeta. El papel pintado tampoco se recomienda.
  • ¡ADIÓS PELUCHES! Di adiós al zorromostro decorativo.  El peluche que te consiguió tu exnovio en las fiestas del pueblo, el souvenir de la torre Eiffel, el trofeo del campeonato de mus. En la alergia al polen o a los ácaros el minimalismo deco es un plus.
  • COJINES Y EDREDONES: Al vestir las camas hay que evitar lanas y plumas. Las mantas y los edredones deben ser sintéticos. Se acabó el glamur, pero el tejido sintético frena los síntomas de la alergia al polen y a los ácaros.
  • ROPA: La ropa, tanto de vestir como de cama, se debe lavar al menos semanalmente y a sesenta grados, que es la temperatura a la que mueren los ácaros.
  • TENDER LA ROPA: Es mejor tender dentro de casa. Tampoco es cuqui ni va con la decoración, pero tender fuera favorece la introducción de polen.
  • ÁCAROS: Los ácaros se acumulan especialmente en colchones, almohadas, sofás y cojines. Así que mejor un colchón macizo, de esponja, de látex o viscoelástico, según convenga más por comodidad y precio. Los colchones de muelles son la peor idea porque son huecos por dentro y favorecen la acumulación de los ácaros.
  • ALMOHADA: La almohada conviene que sea también de alguno de estos materiales, por ejemplo, viscoelástica. Hay que evitar las de miraguano (fibra vegetal), que es fatal para la alergia al polen o a los ácaros.
  • En la ASPIRADORA hay que usar filtros de agua o filtros HEPA y aspirar, además del suelo y las alfombras, los colchones y los sofás. Al menos una vez por semana y si es un par de veces, mejor.

Fuente: Boticaria García

Nota: La información contenida en esta nota es de carácter informativo y no es, ni pretende ser, fuente de asesoría médica profesional en ningún tema.

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Cápsulas de Salud: ¿Qué es la insuficiencia respiratoria?

La insuficiencia respiratoria es una enfermedad en la cual disminuyen los valores de oxígeno en la sangre o aumentan los de dióxido de carbono en la sangre de forma peligrosa.

  • Las enfermedades que obstruyen las vías respiratorias, dañan el tejido pulmonar, debilitan los músculos que controlan la respiración o disminuyen el estímulo para respirar pueden causar insuficiencia respiratoria.
  • Los pacientes pueden sufrir disnea, coloración azulada de la piel y estado de confusión o somnolencia.
  • Los médicos emplean un sensor colocado en la punta del dedo (pulsioximetría) para detectar concentraciones bajas de oxígeno y análisis de sangre para detectar concentraciones elevadas de dióxido de carbono en la sangre.
  • Se suministra oxígeno.
  • A veces las personas afectadas necesitan un respirador hasta que se pueda tratar el problema subyacente.

La insuficiencia respiratoria aguda es una emergencia médica que puede tener su origen en una

  • Enfermedad pulmonar crónica que empeora de repente.
  • Enfermedad pulmonar grave que evoluciona repentinamente en personas sanas

El síndrome de dificultad respiratoria aguda es un ejemplo de enfermedad pulmonar que evoluciona de repente.

La insuficiencia respiratoria crónica es un problema respiratorio progresivo que puede ser consecuencia de una enfermedad pulmonar de larga duración, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Causas

Casi todas las enfermedades que afectan a la respiración o a los pulmones pueden causar insuficiencia respiratoria. La insuficiencia respiratoria puede ocurrir de dos maneras:

  • La concentración de oxígeno en la sangre se vuelve demasiado baja (insuficiencia respiratoria hipoxémica).
  • La concentración de dióxido de carbono en la sangre se vuelve demasiado elevada (insuficiencia respiratoria hipercárbica).

Algunas veces las personas tienen concentraciones bajas de oxígeno y concentraciones elevadas de dióxido de carbono.

Concentración baja de oxígeno (insuficiencia respiratoria hipoxémica)

Una causa común de insuficiencia respiratoria hipoxémica es una anomalía del tejido pulmonar, como el síndrome de dificultad respiratoria aguda, la neumonía grave, el exceso de líquido en los pulmones (por ejemplo, causado por insuficiencia cardíaca o insuficiencia renal) o la fibrosis pulmonar. Estas anomalías perturban la capacidad habitual de los tejidos del pulmón para absorber oxígeno del aire.

La insuficiencia respiratoria hipoxémica se produce también cuando se altera el flujo de sangre en los pulmones, como sucede cuando un coágulo de sangre obstruye una arteria pulmonar (embolia pulmonar). Este trastorno no afecta la capacidad habitual de los tejidos pulmonares para absorber oxígeno, pero si hay alguna zona que no recibe flujo sanguíneo no se puede extraer el oxígeno del aire de forma adecuada.

Concentración elevada de dióxido de carbono (insuficiencia respiratoria hipercárbica)

Con la insuficiencia respiratoria hipercárbica, la concentración de dióxido de carbono suele ser demasiado elevada porque algo impide que la persona respire normalmente. Entre los ejemplos frecuentes de estas causas se encuentran los siguientes:

  • Niveles bajos de hormona tiroidea (hipotiroidismo)
  • Apnea del Sueño
  • Sedación debida a una sobredosis de opiáceos o alcohol
  • Obstrucción o estrechamiento de las vías respiratorias
  • Lesión pulmonar
  • Daño a los huesos y tejidos que rodean los pulmones
  • Debilidad de los músculos que normalmente inflan los pulmones

El hipotiroidismo, la apnea del sueño y una sobredosis de opiáceos o de alcohol reducen el reflejo inconsciente que rige el mecanismo de la respiración. La obstrucción o el estrechamiento de las vías respiratorias puede ser consecuencia tanto de trastornos (como asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica) como de la inhalación de objetos extraños.

Las personas que no están respirando adecuadamente también pueden tener una concentración baja de oxígeno, pero no se considera que tengan insuficiencia respiratoria hipoxémica si no sufren un trastorno del tejido pulmonar.

Las concentraciones elevadas de dióxido de carbono tienden a provocar que la sangre se vuelva ácida.

Síntomas

La insuficiencia respiratoria hipoxémica y la insuficiencia respiratoria hipercárbica a menudo causan síntomas similares. Las personas afectadas suelen presentar dificultad respiratoria importante. Una concentración baja de oxígeno en la sangre causan dificultad respiratoria y producir así una coloración azulada de la piel (cianosis). Los niveles bajos de oxígeno y altos de dióxido de carbono, junto con un aumento de la acidez en la sangre, producen confusión y somnolencia. Si el impulso respiratorio es normal, el cuerpo trata de librarse por sí mismo del dióxido de carbono con una respiración profunda y rápida. Pero si los pulmones no funcionan con normalidad este tipo de respiración no resuelve el problema. Al final, el funcionamiento del cerebro y del corazón resultan afectados, causando somnolencia (a veces hasta el punto de perder el conocimiento) e irregularidad del ritmo cardíaco (arritmias); ambas situaciones pueden provocar la muerte.

Algunos síntomas de insuficiencia respiratoria varían según la causa. Si el impulso de respirar es anormal (por ejemplo, después de una sobredosis de alcohol o sedantes), las personas pueden estar extremadamente somnolientas, respirar con demasiada lentitud y entrar sigilosamente en coma. Un niño con obstrucción de las vías respiratorias por la aspiración accidental de un cuerpo extraño (como una moneda o un juguete), comienza de pronto a respirar con dificultad y esfuerzo.

Diagnóstico

  • Medidas de la cantidad de oxígeno y dióxido de carbono en la sangre
  • Radiografía de tórax y otras pruebas para determinar la causa

A partir de los síntomas y los hallazgos en la exploración física, el médico puede sospechar un diagnóstico de insuficiencia respiratoria.

El nivel de oxígeno en sangree puede medirse sin necesidad de extraer una muestra de sangre, utilizando un sensor colocado en un dedo de la mano o en el lóbulo de una oreja, un método denominado oximetría.

Un análisis de una muestra de sangre arterial confirmará el diagnóstico de insuficiencia respiratoria si muestra una concentración peligrosamente baja de oxígeno y/o peligrosamente elevada de dióxido de carbono.

Para determinar la causa de la insuficiencia respiratoria se realizan radiografías de tórax y usualmente otras pruebas.

Tratamiento

  • Oxígeno complementario
  • Ventilación mecánica
  • Tratamiento de la causa

Las personas con insuficiencia respiratoria aguda reciben tratamiento en una unidad de cuidados intensivos.

A las personas con insuficiencia respiratoria se les administra oxígeno complementario para compensar cualquier falta de oxígeno. El oxígeno puede administrarse usando unas pequeñas cánulas de plástico insertadas en la nariz o bien empleando una mascarilla facial, según la cantidad de oxígeno que necesite la persona afectada. Inicialmente se suele administrar una cantidad de oxígeno superior a la necesaria y posteriormente dicha cantidad se ajusta a la baja.

La ventilación mecánica resuelve el problema de ventilar los pulmones (y reduce las concentraciones de dióxido de carbono) en personas con insuficiencia respiratoria hipercárbica. En la ventilación mecánica, se usa una máquina (ventilador) para ayudar a que el aire entre y salga de los pulmones. El aire se suministra a presión desde la máquina a través de una máscara facial (ventilación con presión positiva no invasiva) o mediante un tubo colocado en la tráquea (ventilación con presión positiva invasiva). Con frecuencia, los médicos prueban primero los métodos no invasivos, pero puede ser necesaria la ventilación mecánica invasiva a menos que la insuficiencia respiratoria se resuelva rápidamente con un tratamiento no invasivo. La mayoría de las personas con insuficiencia respiratoria reciben tratamiento con oxígeno complementario y algún tipo de ventilación mecánica.

La causa subyacente de la insuficiencia respiratoria debe ser tratada. Por ejemplo, los antibióticos se emplean para combatir una neumonía causada por una infección bacteriana y los broncodilatadores se emplean para dilatar las vías respiratorias de las personas con asma. Se pueden administrar otros medicamentos, por ejemplo para reducir la inflamación o para tratar los coágulos de sangre

Fuente: Manual Merck

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Cápsulas de Salud: ¿Qué es la artritis infecciosa ?

La mayoría de los tipos de artritis causan dolor e hinchazón en las articulaciones. Una articulación es donde se unen dos huesos, como el codo o la rodilla. La artritis infecciosa es una infección en la articulación. La infección proviene de una infección bacteriana, viral o por hongos que se disemina desde otra parte del cuerpo. Los síntomas de la artritis infecciosa incluyen:

  • Dolor intenso en la articulación
  • Enrojecimiento e hinchazón de la articulación
  • Escalofríos y fiebre
  • Imposibilidad de mover el área de la articulación infectada

Un tipo de artritis infecciosa es la artritis reactiva. La reacción es a una infección en otra parte del cuerpo. Las articulaciones afectadas son generalmente la rodilla, el tobillo o el pie. A veces, la infección que causa la artritis reactiva ocurre en la vejiga, la uretra (el tubo que conduce la orina) o en mujeres la vagina. En hombres y mujeres puede comenzar por una bacteria transmitida sexualmente. Otra forma de artritis reactiva comienza al consumir alimentos contaminados o al manejar algo infectado con bacterias.

Para diagnosticar la artritis infecciosa, su médico puede hacerle pruebas de sangre, orina y líquido de la articulación. El tratamiento incluye medicamentos y, a veces, cirugía.

Fuente: Medline Plus

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