Cápsulas de Nutrición: ¿Qué son los probióticos?

Existe un grupo de alimentos funcionales que está empezando a estar de moda, aunque parece que los hombres mayores de 50 años todavía son reticentes a usarlos. Nos referimos a los productos enriquecidos en ingredientes probióticos y prebióticos. En su publicidad prometen casi de todo. Sin embargo poca gente sabe qué diferencias hay entre ellos y menos aún si su efectividad está comprobada.

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos son microorganismos vivos que permanecen activos en el intestino y a los que se les han atribuido importantes efectos fisiológicos. Entre ellos destacan el contribuir al equilibrio de la flora bacteriana intestinal del huésped y potenciar el sistema inmunitario. Por estas razones alimentos en cuya composición encontramos probióticos como yogures, kéfir, cuajada, leches fermentadas, etc. se han recomendado para prevenir y ayudar a tratar enfermedades como la diarrea, el estreñimiento y exceso de gases, la enfermedad de Crohn, colitis ulcerosas y muchas otras.

A este tipo de alimentos tradicionales en los últimos años se han sumado una gran cantidad de nuevos alimentos funcionales y complementos alimenticios suplementados con este tipo de microrganismos. Tal y como se lee en su publicidad muchos de estos nuevos productos están dirigidos a hombres que superan los 50 años, ya que es a esa edad cuando se acentúan los problemas digestivos.

¿Está demostrada la efectividad de los probióticos?

Dentro de los microorganismos que forman parte del mundo probiótico los lactobacilos y bifidobacterias tienen un papel protagonista. Son prácticamente los únicos probióticos que se han utilizado para enriquecer alimentos funcionales y complementos alimenticios.

Sin embargo, y a pesar de la buena fama de los lactobacilos y bifidobacterias, la aplicación por parte de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) del Reglamento 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos no ha dejado en buen lugar a estos ingredientes probióticos.

Las conclusiones de los paneles de científicos de los organismos oficiales son contundentes. A día de hoy no hay evidencia de que adicionar microrganismos probióticos a alimentos tenga sentido alguno. Ni protegen la piel frente a los rayos ultravioleta, ni mejoran la salud digestiva, ni aumentan la mineralización de los dientes, ni facilitan la digestión eliminando las flatulencias y la hinchazón… y ni mucho menos ayudan a nuestras defensas. Un desastre. Por estas razones los hombres mayores de 50 años (y  también las mujeres) deben buscar otro recurso para su salud digestiva más allá de los probióticos.

¿Y los prebióticos?

Los alimentos prebióticos se definen como ingredientes no digestibles que afectan beneficiosamente al organismo mediante la estimulación del crecimiento y actividad de una o varias cepas de bacterias en el colon, mejorando la salud. El objetivo que persiguen es muy similar al de los probióticos, estimular el crecimiento y la actividad de bacterias beneficiosas para la flora intestinal, pero la estrategia seguida para alcanzar dicho objetivo es distinta.

¿Cómo actúan los prebióticos?

Este segundo grupo de alimentos funcionales, que también va dirigido preferentemente a mayores de 50 años, no se basa en el enriquecimiento de productos alimenticios con lactobacilos u otros microorganismos sino que lo hace principalmente con hidratos de carbono no digestibles como es el caso de la fibra que se encuentra en alimentos preferentemente de de origen vegetal como frutas, frutos secos, legumbres, verduras y hortalizas.

También la podemos encontrar en cereales enteros o ‘integrales’. Debido a sus excelentes propiedades, la fibra se ha recomendado para combatir importantes enfermedades como la diabetes tipo 2, hipertensión, algunos tipos de cáncer como el de colon, estómago o recto, etc. Además puede contribuir a controlar el peso gracias a su especial capacidad para aumentar la sensación de saciedad y, por tanto, reducir la probabilidad de seguir comiendo.

¿Funcionan los prebióticos?

Sí. Los organismos oficiales han corroborado la efectividad de la fibra presente en los alimentos tradicionales que les he comentado (frutas, frutos secos, legumbres, verduras y hortalizas) y también la que se encuentra en nuevos alimentos funcionales o complementos alimenticios a los cuales se les haya añadido. Sin  embargo, los consumidores mayores de 50 años deben conocer que no es efectiva cualquier tipo de fibra.

A modo de ejemplo les diré que la EFSA ha admitido que la fibra de centeno contribuye al normal funcionamiento del intestino, que la del salvado de trigo lo hace a la aceleración del tránsito intestinal y al aumento del volumen de las heces, y que a esto último también ayuda la fibra de los granos de avena y de cebada.

También se ha corroborado que los beta-glucanos de avena y cebada tienen efecto positivo contrastado sobre el colesterol y también sobre la glucosa postprandial. Incluso el famoso chitosán (polisacárido que se encuentra en el caparazón de los crustáceos como gambas, langostas, cangrejos…) puede ayudar a mantener concentraciones normales de colesterol LDL en la sangre.

Además, el glucomanano de konjac (una fibra extraída de la raíz de la leguminosa Amorphophallus Konjac) también ha demostrado su efectividad no sólo para mantener los niveles de colesterol sino para ‘adelgazar’ cuando se sigue una dieta baja en calorías en determinadas condiciones. Finalmente la inulina, un hidrato de carbono de cadena larga que se encuentra en la raíz de achicoria, en la alcachofa, el ajo, la cebolla, el espárrago, el puerro, el trigo y el plátano, ha demostrado tener un efecto positivo sobre la glucosa postprandial si lo comparamos con la ingesta de alimentos y/o bebidas ricas en otro tipo de azúcares.

Si ustedes han cumplido ya 50 años y tienen problemas con su salud intestinal y digestiva, no deben olvidar que a día de hoy la batalla entre los alimentos probióticos y los prebióticos está siendo ganada por los prebióticos.

Autor: José Manuel López Nicolás

Fuente: Upper

 

Nota: La información contenida en esta nota es de carácter informativo y no es, ni pretende ser, fuente de asesoría médica profesional en ningún tema.

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